Para Eleonora Cassano, conocer a Julio Bocca y a Lino Patalano, además de su esposo Sergio Albertoni -que dedicara su vida y trabajo a acompañar su carrera-, posibilitó abrir puertas en relación con la popularidad que adquirió la danza clásica académica con esta generación de bailarines. Valiéndose de un marketing más propio de otros géneros como el rock, lograron romper la matriz cultural con la que el ballet se movía en la Argentina, iniciando una etapa de otra convocatoria, nuevas y plurales audiencias, hasta multitudes que llenaron canchas de fútbol y otros espacios no convencionales.
El regreso a la democracia ayudó mucho también en este proceso cultural de tantos cambios y en la gestación de una carrera artística que fue abriéndose caminos diferentes. Todo esto sumado a que el pueblo argentino siempre valoró en demasía el éxito de los artistas locales logrado en otros países aunque, a criterio personal, nuestros artistas se merecen la consideración social de los conciudadanos. En ese sentido, es de esperar que como público y sociedad aprendamos a valorar, considerar, contener y respetar a nuestros artistas antes de que se nos vayan, por el sólo hecho de haberse formado aquí con maestros argentinos, de haber nacido en nuestro suelo y de haber llegado a niveles competitivos con el resto del mundo en esta especialidad.